Nada, nada quiero de este desasosiego repentino entre tu y yo.
Nada, si esta inquietud que nos mueve no nos arranca los pies del piso, llevándonos a bailar con las nubes.
Y si el rojo carmín de mis labios no mancha cada centímetro de tu boca, no quiero nada.
Y tenerte a ratos me debilita. A ratos, solo cuando las nubes oscurecen el cielo azul que te he pintado con mis lágrimas.
Porque nada hace más ruido que la suave música de tu risa con la mía, nada colisiona tan perfecto como tu lengua en mi boca.
Y es que si no te ilusiona mi llegada, nada llenará mi partida.
Nada, nada quiero si tu garganta no se estremece al gritar mi nombre.

Deja un comentario