Lo extraño de extrañarte es que la brisa es cálida pero también fría, sobre todo en este lado de la ciudad en donde el abrigo nunca es suficiente y abrazarnos frente a la gente no es una buena idea.
Y es que a duras penas me he levantado esta mañana intentando entender qué es lo extraño de extrañarte. Porque me ha llegado una notificación al móvil que anuncia tu llegada pronta y lo sé, la distancia no es nuestro hogar pero qué extraño se siente extrañarte. Sobre todo cuando el café es más dulce por las tardes y las hojas en blanco de repente tienen mil tachones, borrones y lágrimas.
Creo que lo extraño de extrañarte es que se que te irás a media noche y estaré bien. Me arroparé con aquella cobija vieja que huele a jazmín. Nos serviré el desayuno, aunque solo me acompañe tu sombra. Se esconderán algunos rayos de sol sobre mis pestañas mojadas, abriré las puertas de par en par y así volveré preguntarme…
Lo extraño de extrañarte es que te extraño aunque te acurruques a mi costado, porque mis manos pronto sentirán tu ausencia.
Lo extraño de extrañarte es que aveces olvido que tu nariz existe hasta que vuelve a encontrarse con la mía. Extrañaré lo que aún no ha empezado a hacer falta.
Y es que lo extraño de extrañarte, no se alimenta de razón ni de cordura. Es un beso a medias cada mañana que regresa cuando todo se nubla.
Porque me gusta extrañar lo que ya conozco y así, redibujarlo en esta mente ocupada una y otra vez.

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