¿Viendo muchas películas de amor eh? y quejándote después que tú no tienes una historia como las de las películas, que no hay mensajes de whatsapp y que tinder ya te aburrió un poco.
Pero si hay un mensaje, ¿no? si hay uno preciso que ocultas y que por lo menos dos veces a la semana vuelves a abrir, no importa qué dice, ni siquiera si la conversación giró en torno a un meme, es esa persona nada más.
Claro, que esa no soy yo, o puedo serlo pero eso será otro día.
Lúa es normal, va al trabajo de lunes a viernes y es tatuadora, le encantan las líneas finas y el lettering. Tiene buenas amigas, no le gusta mucho leer pero siempre busca una excusa para comprar libros, ¿decorativos? tiene una pila enorme en su casa, creería que es fanática de las portadas, pasa lo mismo con los discos. Y el hecho de que sea tatuadora no significa que tiene una manga en el brazo y le encanta el rock, ama la tinta pero le teme un poco a la aguja así que en su piel solo tiene 3 tatuajes importantes:
El primero en el antebrazo derecho, se lo hizo a las 18 ella misma y es un corazón en llamas. No es muy lindo, pero le recuerda porqué ama lo que hace y cuánto ha crecido. (O digamos que es la excusa que define el garabato) los otros 2 son el nombre de su primer gato, y 2 líneas de algo en árabe.
A Lúa no le preocupa mucho el comentario penoso de su familia en todas las reuniones: «¿no tienes novio? pero porqué si tu prima Maria ya se casa y quedas tú solita mija» realmente no es un tema que le inquiete porque tiene bastante claro quién decide sobre su vida amorosa y su útero: ella misma.
Pero aveces vuelve a aquella noche estrellada que parecía sacada de un libro de esos que no lee, en la playa a media noche leyendo poemas sobre sus piernas. Vuelve al primer beso con los labios secos y mal pintados, a la cálida sensación de unas manos recorriendo su cintura. A los viajes en el auto con rumbos desconocidos y a las risas elocuentes un lunes por la tarde después del trabajo.
¿por qué estoy pensando en ti a estas horas? se pregunta consternada, siempre. Porque los recuerdos no piden permiso para entrar a tu cabeza, es como cuando estás en una fiesta y se te apaga el modo social, los recuerdos que te hacen vibrar llegan cuando estás en un «buen momento», feliz o simplemente existiendo en tu cuarto. Lúa tiene claro que, no le duelen las fotos, los regalos o las flores marchitas que aun conserva, duele los recuerdos, los más intensos especialmente.
Javier, tiene muchos amigos, un trabajo que le deja vivir «bien» aveces lleva la gorra hacía atrás porque alguna vez alguien le dijo que le quedaba bien. Le gusta el animé y hasta los k-dramas, se emociona si le dices que te viste la serie que te recomendó y sabe escuchar. Javier está bien, es ese tipo que no se preocupa mucho por tener a alguien a quien amar, prefiere un poco de calma y no ser el centro de atención.
Pero, a Javier se le olvida que en ocasiones, decir lo que sientes está bien. Que ser el amigo divertido del grupo, no te impide ser vulnerable.
¿Qué tienen en común Lúa y Javier? pues, la misma playa, el beso y las flores marchitas. También, mucho silencio. Ambos miran el teléfono a la misma hora, algunas veces Javier lanza la primera pierda…

Tienen recuerdos en común y muy pocas agallas para aceptarlo. Resulta que a Javier sí le preocupa que su familia opine sobre lo solo que está, pero no tiene nada que ver con el orgullo familiar, tiene todo que ver con Lúa, ella era esa chica, aunque solo algunas veces compartieron deseos de vida, pero él siempre habló en serio por los suyos.
Lúa, dime… ¿Qué es lo que más te gustaba de Javier?
- Me gustaba verlo desnudo, pero no tiene nada que ver con su cuerpo. Era esa confianza apasionante de poder caminar por toda la habitación, así hubiéramos cogido hace 5 minutos o no. Me gustaba quien era yo cuando estaba con él. También, como le queda la gorra hacía atrás.
Javier, ¿por qué Lúa era esa chica?
- Porque nunca me he podido enojar con ella realmente ¿sabes? por mucho que me molestara algo, tenía la manía de mirar su foto aunque estuviera a mi lado, solo quería besarla al instante. Ah y porque me sigue en todo, hasta en la cama.
No, Javier no es perfecto y Lúa no es la mejor siguiendo sus propios consejos. solo siguen siendo un par de extraños con recuerdos en común y besos ocasionales. Se ven algunas veces en un restaurante que les queda en común cerca de casa, hay otros días en que sus cuerpos se buscan para despertar los recuerdos compartidos un rato y dejarlos en la piel.
Vuelven a casa, sonríen y se apagan de nuevo.
Su historia no es rara, es real, humanos reales sintiendo.
Y.

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