Pasaba la media noche, era momento de cerrar los ojos después de la conversación con Dios de siempre. Aunque esta vez le pedí que estuvieras bien, sonriendo o por lo menos esperándome en tu cálido corazón.
Luego de un amén cansado, me adentré en un profundo sueño en donde algunas áreas de mi cabeza se veían oscuras y en silencio, caminaba por lugares extraños, mientras iban apareciendo personas que desconocía pero que sentía marcaban algo en mi que no podía renegar. En este viaje de mi mente siempre estuviste caminando a mi lado, aunque pude notarlo solo cuando empezaste a reírte por toda la confusión que me embargaba.
⏤ ¿Estás nerviosa? no creo que debas temerle a algo o alguien, yo estoy contigo, nada puede lastimarte.
Dijiste mientras continuabas riéndote de mi o conmigo. Curiosamente algo cambió, podía sentir la calma que invadía cada parte de mi cuerpo y cómo mis mejillas se ruborizaban. Era de esos sueños vívidos en donde sientes todo, hasta la calidez de un beso. ⏤ ¿por qué estás aquí? no lo merezco, no merezco que me ames. Tú respondiste con la sonrisa a tope ⏤ ¿pero qué estás diciendo? si tu y yo llegamos juntos aquí y vamos a seguir juntos.
Me tomaste la mano de inmediato, y empezamos a caminar por todo el lugar, lo que yo sentí era angustia por algo que aún desconozco, pero mientras más caminábamos, más segura y feliz me sentía, rarísimo para mí en ese momento.
Desperté y tenía una sonrisa dibujada en el rostro, lo que sentía era incapaz de explicarlo en letras, estaba tan llena de amor por esos segundos viviendo en mi cabeza. Me volví a dormir y ¡sorpresa! acá estabas tú de nuevo, en este sueño tenía miedo de mostrarte algo, pero tu seguías ahí. De repente nos encontrábamos en un parque y decidimos sentarnos a comer algo, curiosamente descubrí un tatuaje en mi brazo con letras y signos que pude descifrar, eran algo en otro idioma o signos ilegibles. Cuando pude entenderlo, reaccioné con temor a lo que eso pudiera significar para ti, un tipo de mensaje que ya no recuerdo pero me aterrorizaba.
Miraste y entendiste, luego volviste a sonreír y dijiste: ⏤ No pasa nada, tendrás que vivir con esto, es parte de ti y aunque yo lo puedo comprender, nunca definirá mi amor por ti.
Sonó la alarma y me quedé otra vez paralizada, recordaba la forma de tu cabello y la dulzura de tu rostro, pero lo que realmente era más importante: lo que sentía mi cuerpo.
Y es que tú eres así, me estás calmando cuando la tormenta se acerca, sonríes cuando el pánico me destruye y dices las palabras correctas. Porque es que tú me regalas la paz que no tengo y sobre todo: me enseñas a caminar sola sin soltarme.
¿En qué sueño nos veremos esta noche?

Replica a Iván Batista Cancelar la respuesta