Eso dicen del amor y la piel

Preparaba la mesa, era un día típico de marzo en que sirvo limonada a mis visitas y les brindo un poco de las galletas que compro en una tienda de caridad. Vivo en un vecindario un poco alejado de la ciudad, diría que bastante. Algunos vecinos suelen ir a las casas a conversar, tomar el te o simplemente buscar compañía mientras se esconde el sol. Esta tarde era diferente, mi querido Gabriel salió temprano en el vuelo de las 10:00 a.m. a una conferencia en New York. Me encontraba sola como las calles del vecindario, así que decidí sustituir la limonada por un poco de café y sentarme a pensar un poco.

Me quedé dormida en la mecedora, la brisa era acogedora así que decidí cerrar los ojos un momento. De pronto pude sentir un sollozo que aumentaba cada vez más,  abrí los ojos y vi a Lucía envuelta en lágrimas.

Lucía es mi vecina desde hace un par de meses, siempre está sola y riega su siembra de rosas cada mañana, es el único momento del día que logro verla y saludarla. La mayoría del tiempo intenta esquivar el contacto social con los vecinos.

Se sentó a mi derecha y solo me dediqué a permanecer en silencio, asumí que necesitaba hablar con alguien aunque no quisiera admitirlo.

Lucía era realmente bella. Puedo describir sus facciones a la perfección: tenia el cabello negro azabache como pocos hoy en día, su piel tenia un tono brillante «blanca y suave» como diría mi madre. tenia una pequeña curvatura en la nariz que a pesar de ser uno de esos golpes que te das de chiquito y nunca te llevan al doctor, era un detalle de su rostro que la hacia parecer aun mas interesante. justo en la mejilla izquierda tenia un lunar, nunca había visto uno como el de ella. Sus ojos era color café y sus pestañas tan largas que daban una forma aún mas especial a su mirada, Lucía tenia los labios delgados pero la cimetria de su labio superior dibujaba en su rostro un perfecto molde de belleza sin igual.

   – ¿Puedes darme la mano?. Me dijo mientras extendía su mano derecha y secaba sus lágrimas con la izquierda.

No me miraba a los ojos, puedo recordar que su mirada estaba perdida. Aún con ganas de saber que sucedía, le extendí la mano y permanecí en silencio. Lucía me dió un estrechón y  miraba con detalle, entornaba los ojos, luego suspiraba; Pude sentir como me soltaba con suavidad y se acomodaba en la silla. Se dio un sorbo de mi taza de café a lo que no tuve ningún reparo y luego recogió su largo cabello.

«Somos dos mujeres en un mundo de mierda» Replicó luego de un silencio de tres minutos. – ¿A qué te refieres con esto?  dije.

    – Tu, tan feliz con un marido exitoso, buen mozo,  que te hace sentir orgullosa cada tarde al llegar a casa y recibes con un beso. Pero aquí estas tú, sola otra vez siempre esperando por ese beso.  Yo, tan vacía y triste. Ahogada todos los días por no ser lo que ellos quieren. – ¿Quiénes? – El mundo Almudena, el mundo me quiere fértil, sonriente con un marido y una vida perfecta. ¿Y que soy? la lesbiana atea que sus padres echaron de casa.

¡Caray! ¿Qué estaba escuchando? jamás imaginé escuchar esas palabras salir de su boca ¿Lesbiana? ¿Atea?

  – No espero que digas nada.

Respondió mientas yo no podía salir de mi asombro.

 – Esas son las consecuencias de vivir en este mundo de mierda. Volvernos seres incapaces de ser tolerantes compresivos y por sobre todo somos los seres con más capacidad de juzgar que existe. Eres cristiana, vas a la iglesia los domingos y sola, se cada una de las palabras que pasan por tu mente ahora, pero no vine a pedirte consejos. Cada día respondo a tus buenos días cuando das la espalda, entro a mi casa y leo cartas que nunca envío. Te veo sonreír desde la ventana y se que aunque no estés con él, le amas en la distancia, le amas en tiempo desiguales, le amas con tus recuerdos del día anterior. Eres perfecta, amas a solas «Pero amas».

Intentaba no dejar escapar las lágrimas que de mi alma querían brotar ¿Cómo alguien puede conocer el dolor del otro con tan solo una mirada?

– Tu y yo somos iguales, ambas lloramos por dentro. Tu por esperar yo por amar a quien ellos creen que no debo amar. ¿Sabes por qué no te miro a los ojos? porque me recuerdas a ella. Se llamaba Brisa y hablo en pasado porque hoy ella ya no es «aquella Brisa» que tenia el cabello castaño y los ojos azules. Brisa era mi alma gemela, la conocí en el tren de las 4:15 p.m. No sabes cuando otra persona es «como tú» porque no hay una «forma de ser» solo sabes que esa persona te gusta, te hace ponerte frío de mirarle y sabes que eres correspondido cuando le miras a los ojos y solo hay brillo, luz. No tiene nada que ver con el sexo de la otra persona, o su cuerpo o su voz. Se trata de lo que sientes cuando está a centímetros de ti. No planee enamorarme de una mujer que puede ser mi hermana, no planee compartir la cama con alguien que se recoge el pelo igual que yo. Solo dejé que mi ser se llenara de paz y créeme eso no se compara.

Aún me preguntaba porque ella decía que somos iguales, trataba de entender que la hacia pensar que  yo, Almudena Rosa sería capaz de entender el amor entre dos mujeres.

 – Brisa se fue, una mañana decidió que no podía con el peso de ser «juzgada» ¿el peso? ¿por amar? Me hice esas preguntas cada día desde que ella se fue hace exactamente 78 días. Muchas veces me pregunté que era lo que realmente sentía,  el placer de tocar otro cuerpo igual al mío o la curiosidad de acaparar otras pasiones. Pero no era eso y aquí es donde rompo en llanto y me enojo. Brisa me preparaba el café igual que tú a Gabriel, Brisa me besaba antes de ir a trabajar, conversábamos juntas en el jardín. Brisa y yo íbamos a restaurantes lujosos como tú y Gabriel. Discutíamos en la sala como tú cuando esperas a tu esposo hasta la una de la mañana despierta. Brisa y yo caminábamos tomadas de la mano como ustedes cuando se pasean por el vecindario y todos los miran con cariño, la semejanza entre tu y yo es que ambas «amamos» y la diferencia es que mientras tú tomas su mano todos sonríen, en cambio cuando ella tomaba la mía todos daban la espalda.

«Amar Almudena, amar es simplemente  un sentimiento que nace y que no reconoce cuerpos ni sexo, reconoce almas»

 – Somos iguales, ambas lloramos un amor. Ambas somos juzgadas por razones diferentes.

Me sentí avergonzada, incapaz de decir una palabra. Cada día nos enseñan a «amar a nuestro prójimo» pero ¿Realmente conocemos la palabra amar? Comprendí que no tenia derecho a juzgar el amor porque al final del día bajo su sombra todos somos iguales. Su mano y la mía tambien eran igual de frágiles, sin embargo el estar juntas unian fuerzas, eso es lo que siente tu piel cuando amas.

 – ¿Por que no buscaste a Brisa?, pregunté. – Brisa, es el mundo y yo no soy parte de el.

Se marchó y no quise entender porque me contaba esto mi.

A.

5 respuestas a “Eso dicen del amor y la piel”

  1. Leí todo… Muy entretenido. Saludos

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  2. Avatar de Carmen Gonzalez
    Carmen Gonzalez

    Es muy cierto lo que escribes, es amor es un sentimiento que llena el alma y la complemente. ¡Sólo llega y ya!

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  3. Ojala a todos le llegara este mensaje y dejaran de señalar a las personas LGBTI 😟. Me encanto! 😍👏

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    1. Gracias por tu comentario Sayara, si puedes compartirlo sería genial, un abrazo.

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