Mi abrigo favorito estaba regado en el sillón, tal cual lo arrojé anoche mientras llegaba de un encuentro confuso con mi pasado
Desperté a las 8:00 a.m. Y extendí las cortinas de la habitación, sentía una pesadez en mi cuerpo como si hubiera bebido toda la noche vino y ron, pero efectivamente dos cervezas y un corazón medio roto son más fuertes que esa extraña combinación. Volví a tirarme a la cama, contemplar la vista de la ciudad e intentar volver a ser yo misma. No se que tipo de efecto pueda causar que tome la pluma otra vez, pero quiero creer que desahogarme a través del papel puede sanar un poco este extraño desasosiego que me inunda.
A mi pasado estremecedor:
Vi en tus ojos algo diferente la primera vez que cruzamos miradas, probablemente eras tan común pero la seguridad aparente que reflejabas decía todo lo contrario.
Un coleccionista de canciones, un bailarín en silencio, amigo de todos, sabelo todo por excelencia, defensor del aguacate, lector de cuentos, papá de perritos, compañero de miopía, torpe pero seguro, fan número uno de los abrazos, guía turístico, conversador de primera categoría, amigo… buen amor.
Y esta vez, la primera después de aquel último beso, vi todas esas peculiaridades en tus ojos acampanados por largas pestañas. Elegante y seguro de si mismo, nervioso y admirador de todos mis movimientos, corte nuevo y voz tranquila, tu mi pasado estremecedor.
¿Qué hacías en ese bar? ¿Por qué volvimos a encontrarnos?
Dudas que se encienden en mi mente como bombillos amarillos, dudas que revolotean como gallinas en el corral. Por momentos sentía que éramos solo tú y yo, aunque el lugar estuviera repleto, nuestra risa una vez más se unía en sinfonía y era aún más alta que la música.
Me sentía en abril otra vez, en aquella banquita frente al mar, me sentía bajando a toda velocidad la loma en la bici mientras tú corrías detrás de mi para salvarme, sentía tu calor como la noche en el auto luego del teatro.
¿Sigues siendo mía? Muchas noches antes me preguntaba a mi misma si yo «seguía siendo tuya» creo que si, me respondía, lo soy y te respondí. Así mismo te marchaste al abrir la puerta sin mirar atrás para volver a ser los mismos desconocidos que el presente nombró.
Quiero llamarle despedida, porque aún en esta confusión me repetía tantas veces «así es como se siente» que te eleven y luego te tiren al piso sin aviso de aterrizaje. Así es como se siente perderme a mi misma por segunda vez…
Nos merecemos mucho más que esto, pero la vida misma decreta que no juntos.
Mereces más noches de besos envueltos en risas,
Merezco más días de caminatas tomadas de la mano,
Mereces pasión todos los días,
Merezco una cama para dos,
Mereces alguien que disfrute tus explicaciones musicales,
Merezco ir al cine y compartir las palomitas,
Mereces alguien que olvide tus torpezas y se ria de tus errores,
Merezco alguien que responda mis preguntas estúpidas,
Mereces que encuentren tu lado sentimental, en el escudo de tu «realismo y frialdad»
Merezco más te quiero,
Merecemos, ser felices.
Aunque eso no sea juntos.
Llévate todo lo que queda, abre tu corazón y deja de culparte, deja de culpar…
Yo si vi en ti, todo lo que tú ni siquiera conoces, búscalo y lo entenderás todo. Cerrando este diario, pensando en voz alta, creyendo que te escribo, me preparo unos huevos revueltos y café.
A.

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