Causante de la herida

Cuando crecemos, según vamos elevando nuestros conocimientos sobre la vida y sumando experiencias, idealizamos lo que queremos a futuro, todo aquello que nos gustaría que, sin lugar a dudas deba ser bueno, bonito y perfecto.

ramez-e-nassif-747659-unsplash«Que encuentre el trabajo ideal, que tenga muchos amigos, una casa bonita, un amor para toda la vida» …

Un amor para toda la vida, amor que compartirá contigo todos los sueños que escribiste en la lista primero. Pero como la vida tiene ese manía de demostrarte que, no es lo que tú quieres, es lo que ella decide que es mejor para ti, te mostrará varios caminos por donde caminar, te equivocarás y volverás al inicio: el mismo escritorio donde tachas y vuelves a escribir lo que quieres pero esta vez, le quitas pedazos.

Pensaba en eso, y recordaba las veces que la vida me cacheteó diciendo: ¡por ahí no! ¡ese no es! ¡cuidado! Yo misma me plantee la idea de que la próxima vez no habría vuelta atrás y que prefería mil veces no subirme al tren antes que terminar con un millón de estrellas en la cabeza…

Hasta que te conocí…

De pronto renegaba de la idea de ti o de lo que podría causarme tenerte cerca. Escuchar tu nombre, mirarte a los ojos y sentir, volver a sentir.

Descubrí que tu eras el «no» que tanto enmarque en las paredes de mi habitación llena de dudas combinadas con silencio. Entendí todo y cada uno de los presagios de Dios en tus ojos, tan divinos ojos enmarcados por tus pestañas largas. tenías el poder de hablarme con la mirada, y tu poder era tan mágico que te permitía descifrar la mía. Me derrumbé tanto en tu piel que la hice mía, cada una de sus partes y esquinas, tan mío y tan tuya.

Suena a cliché, como las historias de amor en las películas y libros. Pero no, tu eras mas que eso, lo nuestro era más que eso.

Lo entendí de la forma más difícil, esa que me hizo caer, abrir los ojos y entender que te perdía y no había otro culpable que yo ¡Mil veces yo! por soltar tu mano cuando más necesitaste de mi, por no ser fiel a tu compañía y dejarme llevar por lo que otros hacían. Sin ti aquel lugar no era el mismo, pero en mi ceguera lo olvidé.

Y de golpe caíste y no estuve ahí para sostenerte, para pelear por ti, para acariciar tu dolor y apañar tu rabia.

Te fallé y hoy no sé cómo aliviar esto que siento, hoy después de tantos años estoy en la posición contrario a lo que fui por mucho tiempo, hoy soy yo la causante de la herida. 

Hoy soy yo la que te pide perdón a gritos, hoy soy yo la que no encuentra sentido a nada si no estás. Hoy soy yo la que le pide a la vida otra oportunidad para regresar al camino donde te encontré, abrazarte y tomar tu mano una vez más, sin miedos, sin errores, sin decepciones.

Este remolino de desastres que soy, solo lo haz dominado tu, solo los haz abrazado tu y aún así en mis momentos más difíciles haz sabido amarme como nadie. Y ¿Cómo te he pagado yo? no hay palabras, no hay definiciones.

Y si en esta distancia no volvemos a mirarnos con la pasión de aquellos días, bajaré la cabeza y entenderé que será lo mejor, para ti.

Bueno, bonito y perfecto, no era lo que soñaba, era mejor.

ALMU.

Una respuesta a “Causante de la herida”

  1. Hay que enamorarse todas las veces que sea posible

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