hace unos días me preguntaron: ¿Cuál es la parte más difícil del amor? ¡wao! pequeña gran pregunta.
Me parece que, el amor no es difícil, nosotros lo hacemos difícil. El amor no es complicado, nosotros nos complicamos. El amor no tiene distancias, nosotros nos alejamos de lo que sentimos para protegernos y no necesariamente sabemos que estamos protegiendo, y en ese acto de amparo olvidamos lo esencial, olvidamos que hay cosas que por muy pequeñas que parezcan, no siempre es bueno mantenerlas en la sombra porque son especialmente esas «cosas» las que le dan vida al amor, a la felicidad y las que forjan un destino.
Vivimos tan amarrados y callados todo el tiempo «¿lo estaré haciendo bien?» «No debería decir esto» «lo dejaré para después» «no estoy lista/o».
Les contaré una verdad y esto no lo leí en un libro de auto-ayuda, ni en una película y mucho menos me lo dijo un sabio, lo aprendí por experiencia propia, no se trata de si lo estás haciendo bien, se trata de, si lo estás haciendo mal volver a empezar y buscar el error para evitarlo una vez más. Tampoco se trata de lo que no deberías decir y con esto me refiero a cuando hablas sobre algo que sientes y ¿sabes por qué no deberías dejarlo para después? porque el después no existe, tal ves en ese «después», no tenga la misma fuerza que tenía cuando lo pensaste y no lo dijiste.
Pues la cosa vendría siendo así: no estás listo, ni lo estarás nunca.
Nos hemos limitado tanto por ser perfectos, por no «lastimarnos» y al final del camino nos damos cuenta que, realmente siempre nos dimos en la misma herida y no hubo tiempo para descubrir que, no cerramos etapas, ciclos y no sanamos lo suficiente. Camuflajeamos esas heridas que no sanamos con mecanismos absurdos de autodefensa que no funcionan, porque el primer paso nunca ocurrió, lo pasamos por alto y hoy por hoy, rechazamos nuevas muestras de amor por temores de nuestro pasado sin darnos cuenta.

La verdad te lo diré, no está mal soñar con que alguien te tome de la mano mientras caminan hacia al banco, o cuando ambos se hacen compañía frente al mar. No está mal un beso desprevenido, ni un te quiero a mitad de un sonrisa. No está mal que sientas temor de perderle aunque ya le tengas. Y de ese calor piel con piel en un abrazo o en una cama envueltos solo por sábanas blancas, mientras un beso en la frente parece ser la cereza del pastel. O enojarte y que su sonrisa te haga olvidarlo todo.
Parecen escenas de película y poesías de balcón, pero no, son esos momentos que ocurren cuando cierras los ojos intentando «auto-protegerte» del dolor que tu mismo estás idealizando.
Toda la vida me he guardado palabras en el corazón, en la mente y en el alma. Palabras que no han querido salir por miedo, sentimientos que afloran sin esencia. Me he dado por vencida muchas veces y otras, solo he dejado que el tiempo se encargue de resolver lo que yo puedo resolver.
Hay amores que para mantenerlos vivos no tenemos que hacer grandes cosas, son realmente pequeñas las que lo harán grande, fuerte e invencible. Esos que cuando estás en la oscuridad te dan luz, cuando estás en tu burbuja la rompen.
Y si el destino no está a tu favor hoy, lo estará mañana, pero trata de que lo que sientes hoy no se quede escondido, no hay fecha para amar.
¿Qué estás olvidando decir hoy?
Y.
«Tu y yo, no nos debemos nada».

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