Desde que no estás…

Hay tantas cosas que quiero contarte, desde mi primer día sin ti, hasta mi último amor pasajero. Quiero hablarte de lo bien que me hace el frío en las noches, porque tu recuerdo es mi mejor abrigo.

Tal vez, no caiga mal mencionar que tu aroma se coló en mi nariz para siempre y que lo respiro en cada esquina de este hogar. Parece ilógica la manera en que puedo envolverme en el dulce placer de abrazarte con tan solo imaginarlo, con tan solo sentir tu perfume que vive impregnado en mi piel.

No quiero apresurar el momento, solo quiero dedicarte éstos recuerdos que guardo diariamente en el cajón más lejano de mi habitación, aquellos recuerdos que solo revivo cuando me haces falta.

¿Te acuerdas del poema sin rima? lo encontré envuelto en la vasija vieja del café que compramos en aquel bazar español y que nunca utilizamos. «Nuestro» se llamaba… ¿te lo recuerdo? aquí va:

«Nuestro es el mantel de rosas rojas de la tía Perla…

Nuestro es el silencio acogedor después de apagar el cigarro…

Nuestro es el teclado viejo del piano del Bazar…

Nuestro es éste cautivo amor que nació en el sofá y terminó en el balcón».

Después de unos tragos me dijiste que era lo peor que habías escrito, pero ¿sabes? aunque ni tú lo entendiste, hablaba de nosotros, de nuestras mañanas y buenos modales, hablaba de lo que éramos cuando reíamos y cuando a gritos solo queríamos huir, pero terminábamos encontrándonos en el mismo punto «haciendo el amor».

No puedo esperar tu regreso, pues es tan imposible como olvidarte, solo me reconforta la idea de que esperas por mi en algún lugar.

te extraño todo el tiempo.

PD: ya reparé la ventana de la cocina, por ahora es lo único que ha cambiado desde que te fuiste.

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