Me acuerdo de ella como pocas cosas en esta vida, pero no, esta no es una historia de amor, por supuesto que no.
Describir a Gloria era algo complicado pero me gustaba mirarla y tratar de entender como una mujer tan linda podía ponerte el mundo de cabeza. Gloria, representaba todo lo que yo amaba en el mundo y todo lo que odiaba también.
Le gustaba enseñar todos los dientes al reirse, yo solo lo hacia cuando escuchaba sus carcajadas.
Bailaba cuando todo estaba en silencio, a mi me parecía absurda la idea de no tener los audífonos puestos.
Leía a Benedetti en las mañanas, durante clases, en el baño y antes de dormir, yo a duras penas ojeaba un comic y bebía refresco.

Ella siempre elogiaba la onda de mi cabello negro, yo solo podía decir «gracias».
¿Qué le respondes a una mujer que lee a Benedetti? porque al final o quedas como un tonto o simplemente no tienes idea lo que es el amor.
Yo no soy el tipo tímido, cobarde y «no lanzado» que haz leído en otras historias. La verdad es que he tenido las mejores noches acompañadas de las mujeres más elegantes, los labios más sensuales de ésta ciudad y sobre mi las chicas más bonitas que jamás podrás imaginar (bueno, un poco exagerado ta vez).
Pero… Llegó Gloria.
¿Me regalas un cigarro? fue lo primero que dijo cuando me alcanzó a la vuelta de la cuadra antes de llegar a casa.
Se lo di, esbozó una sonrisa y respondió: «gracias».
Gloria se llevó el cigarro a los labios, le pregunté por su lugar de destino y dijo que iba de camino al mercado (el mercado quedaba tres cuadras atrás). Caminamos unos minutos juntos hasta que la perdí de vista.
Como ya dije que ésto no es una historia, les contaré lo que pasó meses después…
La encontré en muchos lugares con frecuencia, vivíamos en la misma calle y no lo supe hasta que la vi salir de casa. Charlamos un par de veces, confieso que no hablo mucho y que soy torpe para mantener conversaciones, pero con ella todo era distinto. De repente era yo quien tenía la necesidad de hablarle, escucharla. De repente las pocas cosas que ocurrían en mi vida era prioridad contárselas a ella.
Una noche nos besamos, pero no fue un beso normal. A mitad de aquel primer beso suspiré como un niño y ella con esos ojos saltones me miró y replicó «¡vaya suspiro!» me avergoncé un poco pero la necesidad de aquellos labios me empujaron a seguirlos besando.
Los días pasaban, nos escribíamos y caminábamos de la mano en la avenida. Gloria patinaba, era algo un poco fuera de lo común verla en vestido y Vans con su patineta a cuestas lista para rodar. Era una dama, de esas que se pintan las uñas color pastel y se delinean los parpados a la medida.
Ella, se enamoró de mi perfume, de mi sonrisa (no entiendo porqué) pero me lo decía diario, le gustaban mis manos y como encajaban con las suyas. Gloria amaba abrazarme por la espalda y siempre gritaba «te quiero» Yo me limitaba a sonreír.
¿Ya me alargué? perdón, es la primera vez que me expreso de esta manera, pero es Gloria y vale la pena.
¿Que si estuvimos juntos? no se como explicar esto pero Gloria nunca había estado con nadie, sin embargo la noche que desabotonó mi camisa en su desván, terminó siendo mi maestra.
A todo esto, me fumé un cigarro mientras ella me abrazaba y repetía que me quería desde aquella tarde, que ahora yo era parte de su piel y que mi aroma penetraba su alma ¡Maldito Benedetti!.
Gloria se fué…
Una tarde de julio, estábamos en la habitación vacía de mi casa, en completo silencio sin compartir palabras ni miradas.
¿Me quieres? Preguntó ella rompiendo el silencio.
Porsupuesto, respondí.
Ella puso la mano en la perilla de la puerta y con una segunda pregunta, aquella pregunta que sería la razón de todo ésto.
¿estás seguro?.
No me voltee, tampoco respondí, solo escuché el sonido de la puerta y ésa fue la última vez que la vi.
Gloria,
Disculpa a mis heridas del pasado, disculpa a mi inseguridades, disculpa a mis miedos y sobre todo a mi ego, aquel que no me dejó ver que yo no era perfecto pero para ti y eso estaba bien.
¿Te acuerdas de la carta que me escribiste? el día que la recibí sonreí como un niño tonto y se la mostré a todos mis amigos, no se cansaron de decirme lo afortunado que era. El día que te caiste de la patineta, agregaste una herida mas a la colección. Se que esperabas que me preocupara un poco más, pero créeme, me asustaba desde que te subías y aunque te veías interesante para mi no dejaba de ser arriesgado.
Me gusta el color de tu piel, tanto como el brillo de tus ojos. El aroma de tu cabello como tu risa nerviosa. Me gusta el entalle de tu vestido como el color de tus labios.
Me gusta como acariciabas mis mejillas y te deleitabas mirando los detalles de mi rostro como si no existiera el mundo.
Perdón por las llamadas que no hice, por los mensajes sin responder. Perdón por cada beso que no terminó con un te quiero.
Perdón por dejar que otros te elogiaran, cuando solo esperabas un «que lindas estás hoy» de mi.
Soñaba con bailar aquella pieza amarrado a tu cintura, hacerla enterna.
Lo cierto es que, me acobardó tu filosofía y tu encanto. Lo cierto es que nunca me sentí merecedor de ti, cuando lo único que deseabas era, quererme y aunque yo también quería lo mismo, caminamos en distintas maneras.
Perdón por todo lo que no dije, perdón por dejarte ir.
PD: Gloria nunca fumó, yo era su único vicio y… Benedetti.

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