Málaga, 11 de junio de 2013.
Rondaban las 9:00 p.m. cuando pretendía leer un libro nuevo que adquirí en la librería de la esquina. «Novelas» tremendas mierdas de la época pero que decoraban la noche con un poco de pasión y cliché.
Me envió un mensaje la chica de los besos tiernos y las piernas más bonitas, Mi chica.
9:03 p.m.
¿Estás? necesito un par de besos, vino barato y tu compañía.
Pasó una hora, olvidaba que las chicas nunca serán puntuales aunque lo deseen con todo su ser.
11:07 p.m.
Casi me dormía cuando sentí el timbre sonar, corrí hacia la puerta. Era ella con una gran sonrisa, el cabello recogido y un par de medias rosas que no combinaban en lo absoluto con su vestido azul pero me encantaba.
Su mirada reflejaba complicidad, deseo y ternura. Ésa noche ella estaba en mi apartamento por algo más que besos y yo estaba listo, para ella.
Tomó una de mi copas y sirvió vino para los dos, subió sus piernas sobre las mías y se acomodó. Me habló de su día fatal y los chistes malos que escuchó en la tarde. Del nuevo apodo que le puso a su gato, del libro abierto en la vereda, de mi barba mal peinada y el sofá que aun no arreglo.
¿Y yo? solo la miraba, me deleitaba con el movimiento de sus labios al hablar, no me mires así. ¿tengo algo entre los dientes?, ¡detente! repetía.
Cuando ríe se le achinan los ojos y se ahoga un poco, siempre esconde los cabellos detrás de la oreja. Sus piernas blancas y rodillas perfectas me hacían imaginarlas sobre mí, mientras acariciaba su pelo negro.

El escote.
Adiós al primer botón y ya estaba besando mis labios, adiós a la apertura de su espalda, adiós a las medias rosas, adiós a nuestros adornos de tela. Bienvenida a nuestro idilio de placer.
No pude darme cuenta cuando ya estaba llevándola entre mis brazos a mi habitación, aquella noche ella necesitaba mi piel, mi aroma, mi amor.
Por primera vez en la vida, amé mas que una piel. Por primera vez supe
lo que era amar entre gemidos «El alma». Esa noche fue mía y juro que mientras acariciaba su pecho desnudo no deseaba estar con nadie más. Calmé sus ganas, me hizo el amor.
Cayó dormida en mis brazos, cansada, mientras que el sudor adornaban las esquinas de sus caderas y el contorno de sus pechos. Ella era otra mujer desnuda, más de lo que pedí.
¿Cómo pasé toda mi vida besando otras pieles?
-Gabriel.

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