Mi chica del pijamas

Hablemos de amor, tomemos café y contemos una historia, la historia de Luis y Cristina.

Luis, 27 años, es el tipo de hombre que agrada a todas las mujeres: Alto, perfilado, ojos marrones, labios gruesos y una mirada bastante provocativa.
La calma de su soledad le alteraba el alma, le paralizaba la mente y le images.jpgentristecía el corazón. El sexo se convierte en un punto más de la lista cuando solo quieres sentir el calor de alguien, las caricias y por último el placer. A pesar de las muchas cosas que Luis poseía tales como dinero, carro, casa y profesión, el amor era la única cosa de valor que anhelaba tener pero solo recibía sexo a pocas horas y luces apagadas sin llamadas ni mensajes al amanecer.

fa4d0a71c0d3358a94c25e99f7bc4299Cristina, 24, recién graduada de la universidad, aún vive con sus padres, no consigue trabajo de lo que le apasiona y para mantener lo poco que le queda obtiene medio tiempo en una cafetería como mesera. Desaliñada pero de bellos ojos negros, buen cuerpo, opacado por la ropa ancha que conserva de su época de «Fat girl», pantalones en la cintura que resaltan sus mulos y lo poco que aun queda de su glúteos.
Luis y Cristina se conocen a la salida del café «Victoria» donde ella labora hasta las 7:30 p.m. Un tropezón que no hace la más mínima atención para Cristina pero si para Luis, aquellos cabellos color marrón llamaron su atención. Detrás de sus pasos iba Luis mientras ella intentaba a empujones subir al autobús, Luis hizo lo mismo y se las ingenió para colarse y pasar.
Ella observaba por la ventana durante todo el camino, Luis miraba hasta su manera de parpadear. Llegaron a la parada de Cristina, ella se baja, el reacciona y hace lo mismo, al llegar a la entrada de su casa el se esconde detrás de un auto que está dos casas antes, Cristina se regresa a hablarle Enséñame a subir al autobús sin pagar, le dice mientras come un chocolate.

-Perdona. Dice Luis nervioso mientras ella vuelve a interrumpir -Pensaría que eres un acosador si no fuera por la manera tan tonta que me mirabas en el autobús o la forma tan graciosa como te tropezaste en la cuadra anterior, pero sigue siendo un poco creeeeepy, amigo.

Luis sentía vergüenza, ni siquiera sabía cómo había llegado hasta ahí, ni tampoco cómo pudo ella darse cuenta. Cristina le hizo una seña, «vamos deber tener hambre, nunca entraste a Victoria». Él sin titubear fue detrás de ella, se preguntaba cómo siguió a una desconocida y aun más cómo lo dejaba entrar a su casa sin recelo.
Comida, agua, horas de conversación entrelazaron a Cristina y Luis aquella noche de enero, no dejaba de mirar su cabello ondulado a medias, el color y la delgadez de sus labios, su risa extraña y sus mejillas rosas natural.

«¿Dejará entrar a todos los hombres que conoce como lo ha hecho conmigo?», se preguntaba Luis. Ella se aparto al baño, recogió su cabello y se puso el pijamas, una camisa a mangas largas rosa y pants de «patitos», él la miraba con atención, en especial aquellos pants aniñados que atrajeron una risa -¿qué? ¿te gustan?, tienen años conmigo, bueno entonces ¿ya es la hora del sexo? Preguntó Cristina sonriendo, Luis no supo qué decir mientras miraba sus pants. Ella empezó a reírse fuerte mientras se acercaba a él en un pequeño dialogo pronunció: «Se qué estás pensando querido extraño, y se lo que vas a decir… pero antes de que lo digas déjame decirte algunas cosas que deberás saber antes de tenerme:

1. Mis pants tienen una ventaja a diferencia de la lencería cara de aquellas mujeres que se han balanceado en tus piernas, se quitan mucho más fácil, nada que desabrochar.

2. El envase necesariamente no debe ser agradable a tu vista, el aroma si debe obligarte a florecer tu deseo.

Luis la toma de la cintura y la acerca, -¿así traes a tus conquistas a la cama? ¿cómo a mi ésta noche?.Ella en vez de sentirse ofendida ríe y responde -Sólo a los que me sigan hasta casa y creo que ésta noche serás el primero y el ultimo desconocido en tener ese placer. No es cierto, tuviste suerte de que no te denuncié.

fabb498d53ab417078fdf72adfe902e0.jpgEmpiezan a besarse, él acaricia sus caderas hasta llegar al final de sus pants, -No sabía que podía amar tanto unos pants, de patitos, dijo Luis. Nunca juzgues a un patito feo cariño. respondió ella. Estremecieron la habitación con gemidos de placer, caricias llenas pasión y besos fuera de control. Aquel momento por primera vez en la vida de Luis no fue otro encuentro casual cualquiera, podría describirlo como el mejor asecho al amor que a hecho.
Al día siguiente Luis va a la oficina muy animado, llega a su puesto y mientras revisa sus documentos le llega un mensaje al celular, es ella y una foto de la pijama de patitos: «Buenos días querido extraño».

«El amor llega a la hora que tenga que llegar y nunca te preguntará si conocías a tu semejante de antes».

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